497 Aniversario – Artículo 3

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Tepeaca de ayer, hoy y siempre

Conflictos y alianzas en la relación de Tlaxcala con Tepeaca

 

Por: José Francisco Jiménez Villa.
Cronista de Tepeaca, Puebla.(*)

 

En Tlaxcala como en Tepeaca la lluvia es generosa a partir del mes de junio y un nuevo paisaje con olor a tierra húmeda se abre paso. El verde de los maizales y el azul del cielo se enfrentan en el horizonte y el resultado es un destello nostálgico, mágico como decía Neruda al referirse a nuestra patria. Los paisajes terrestres como los celestes son tan iguales que ahí están los nubarrones que nacen sobre la Matlalcueyetl, sobre la Malinche pues, “la señora de las faldas verdes” que parece que nacen para no morir jamás y esperar el estruendo de la tormenta vespertina. Y así nos hemos pasando milenariamente observando que cuando las nubes aparecen por encima de la montaña, la lluvia generosamente caerá sobre nosotros. Y por ello hemos venerado desde siempre a la montaña.
En Tlaxcala existe algo que siempre sorprenderá, es un abultamiento natural que se inicia como un surco y después se alarga como una brecha radiante, milenaria. Es un impulso que no se detiene y pasa por las caballerizas de las haciendas y los atrios de las iglesias, por las barrancas que circundan los pueblos y por las geométricas hileras de magueyes. Es un camino siempre en ascenso que se levanta en el eje del valle hasta alcanzar una forma gigantesca, es la montaña sagrada de forma cónica. Cuya presencia acompaña a los tlachiqueros, que aspiran con el ococote el aguamiel, a las muchachas que juegan con su destino y con sus largos cabellos sentadas en una banca de xalnene, a las ancianas que venden nueces tiernas, duraznos, peras y manzanas a la orilla de la carretera, a las mujeres que dan de comer maicito a sus gallinas y a sus totoles y a los niños que, risueños y polvorientos se dirigen por las veredas a sus escuelas. ¿Acaso No estoy hablando del símil increíble con el valle de Tepeaca? ¡Claro!, ¡claro que sí! Ahí están nuestros amores. En nuestros valles es frecuente encontrarse con sorpresas que nos unen y en las sobras fulgurantes de los tepozanes y pirules, reposamos nuestro andar, para alcanzar unos suculentos y dulces capulines y comernos una quesadilla de flor de calabaza o huitlacoche con sus rajas de poblano. O unos tlacoyos de frijol, ayocote o de haba, unos escamoles y las texcas y si se puede, por qué no disfrutar de una deliciosa sopa de haba, de nopales, las tlatlapas o la riquísima sopa de milpa , que por mi tierra llamamos campesina. O los mixiotes de carnero, la barbacoa blanca, el pipían de ajonjolí rojo y verde acompañados de unas ricas tortillas a mano de maíz blanco o azul. Y al postre, pues unos dulces buñuelos con su miel de maguey o los muéganos tan huamantecos como tepeacos, tan iguales, en esencia, pero tan distintos en sabor, los tlaxcales, las alegrías de amaranto, las palanquetas de cacahuate, los dulces de pepita de calabaza y el pan de fiesta de Totolac o de San Simón Coatepec en mi tierra.

Disfrutándolo todo a un lado de los tzencales acompañados de nuestras tonantizns, escuchando sus historias, recargados en pequeñas mesitas adornadas con ricos bardados en nuestros mercados regionales que con mucha razón nosotros los de la tierra seguimos llamado Tianguis. Y ahí están Tepeaca y Acatzingo y Ocotelulco y Tepeyanco los 4 más antiguos de América en pie con por lo menos 800 años de historia documentada.

Ahora si me permiten vallamos al repaso de la historia amorosa entre los dos pueblos, cuya importancia prehispánica se debe indiscutiblemente a su ubicación geográfica privilegiada como paso obligado entre el norte al altiplano y hacia el sur sureste de la conformación de nuestra nación. El corazón mismo de esta región lo es el zahuapan, cuenca alta de lo que por mi rumbo y desde cuetlaxcoapan le llamamos Atoyac. El cual garantizo la vida de las varias comunidades del territorio Olmeca-Xicallanca sugerido por Kirchoff, venturoso maestro que acuñara el termino Mesoamérica, pero que amó y estudio profundamente a Tlaxcala y a Tepeaca. Y aunque no podemos hablar de nación, todas estas comunidades Olmecas-Xicallancas, tuvieron una raíz común. –precisamente esa-. Esta vez evitare por razones de espacio abundar sobre la conformación regional desde la academista arqueología. Pero si matizar nuestras raíces. Evidencias que nos remontan a más de 20,000 años de presencia humana en la región, como el artefacto de piedra localizado en la barranca Caulapan o los de la Cueva del Texcal en la región de Valsequillo. Pero lo mismo encontramos artefactos de piedra pulida como muelas y morteros, que instrumentos de madera, de hueso y fibras vegetales en sitios como: Hueyatlaco, Tetela, en Puebla que en todo el bloque Tlaxcala. Desde el periodo formativo con La Laguna, Tetel, Cuxtlapanga y Atlantepec en Tlaxcala que Tlalancaleca, Los gorozpe, Coapan, Amozoc y Nopalucan en Puebla.

Pasando al Apogeo regional entre los años 600 y 100 a.C. con Amalucan, Totimihuacan, Tecopilco, Coatlapanga, Xochitecatl, etcétera. Es el periodo de las grandes ciudades en que la región vivía su climax cultural lo cual permitió la consolidación y florecimiento de grandes capitales, como lo fue el caso de Cholula. 500 años de esplendor regional que desde el tlachihualtepetl se consolidaron haciendo de Cholula el centro macroregional que controlaba todo el valle hoy poblano tlaxcalteca y en donde las relaciones comerciales y culturales entre tlaxcaltecas y tepeyacatlacas era de unidad regional. ¡De Amigos, pues!

Ya en el clásico tardío (600-950 d.C.) al caer Cholula, se agiganta la figura de Cacaxtla el asentamiento fortificado de profundos fosos excavados en el tepetate del cerro Nativitas. Con su característica constructiva se consolida el nuevo giro bélico que tomo la conducción de la población. Se acaba el todos para uno y uno para todos. Y se iniciaba el que tenga más saliva, pues entonces come más pinole.

Todos los pueblos con presencia significativa se empiezan a fortificar a preocupar pos sus fronteras. Y Cacaxtla encuentra rápidamente una ciudad emparentada que tenía el control del comercio de la obsidiana: Cantona, que recibe a sus parientes y logra poseer una demografía mayor a los 80 mil habitantes en 13 Km2 en su pleno apogeo.

El postclásico marco para siempre el amor y el desamor entre Tepeaca y Tlaxcala y al revés. Con la llegada de nuevos grupos humanos a la región, -Los Tolteca.Chchimacas-, se presentaron nuevas transformaciones y angustias. Cholula resurgió, quizá con mayor vigor que en su primer apogeo. Y ese fue el justo momento de las divisiones, de los desamores cuando cada quien tenía que defenderse de los recién llegados y aunque en la historia Tlteca-Chichimeca escrita a menos de 7 kilómetros de mi tierra Tepeaca, en Cuauhtinchan, los recién llegados no encontraron tierra inhóspita o despoblada. No, por el contrario pelearon y refundaron señoríos. Hicieron vasallos y se adueñaron y despojaron de sus tierras a los nativos, como mas tarde en pleno siglo XVI lo hicieran los españoles con ellos. Luego entonces así se consolidaron nuevos señoríos independientes: Totomihuacan, Cuahutinchan, Amozoque, Tecali, Tepeaca, Quecholac, al sur de Cholula; al oeste Huejotzingo, Huaquechula y al norte: Tepeyanco, Tepectipac, Huiloapan y Xaltocan, en el Bloque de Tlaxcala.
De los antiguos señoríos que habían sido controlados o absorbidos por algunos de aquellos, solo sobrevivieron Cholula, Huejotzingo y los señoríos confederados de Tlaxcala. Loa otros aunque supuestamente independientes, quedaron bajo la hegemonía de Cholula y/o Huejotzingo. Ya hacia la parte final de la época prehispánica o precuauhtemica, nuestro valle poblano quedo bajo el control de los mexicas. Que no así Tlaxcala. Con la historia de todos conocida.
Que por cierto me quedo con la registrada por Muñoz Camargo que en entuerto de su historia y no sé si con ironía, aduce que Moctezuma no se atrevió a conquistarlos porque era mejor tener un pueblo enemigo cercano para combatirlos y llevarlos como cautivos de guerra para sacrificarlos, que solo convertirlos en tributarios como todos los demás.

Tlaxcala será entonces el acérrimo enemigo de la triple alianza y en consecuencia de cholultecas, huejotzingas y tepeyacatlacas aliados incondicionales de los mexicanos.

En el amor los dos pueblos idolatran al dios sin calzas a Camaxtle y los dos en el mes del gregoriano de marzo le rinden tributo y culto. Y los dos se manifiestan guerreros y los dos pueblos se encuentran en su sincretismo bajo la tutela de un ser nada compasivo, sino aguerrido y diestro.

La religión fue muy importante y símil en la vida tlaxcalteca y Tepeyacatlaca prehispánica e influía en las personas desde que nacían hasta su muerte. Sus efectos se hicieron sentir en el arte, las ciencias, los juegos, los deportes, el comercio, en la organización política y social y, de manera muy especial, en la guerra.
Camaxtli el dios principal, dios de la caza y de la guerra, representado con cabello largo, penacho de plumas y la pintura “estelar” negra cubriendo sus ojos. Su cuerpo estaba decorado de arriba a abajo con líneas blancas, y una piedra transparente adornaba su nariz. Debajo del brazo llevaba unas pieles de conejo, en la mano derecha una canasta con comida y, en la izquierda, un arco con flechas. Se estima que el templo mayor dedicado a este dios estaba en Ocotelulco; era muy hermoso, circular y cubierto de paja. En él se encontraba la estatua de Camaxtli Descripción parecida al templo de esta deidad en el llamado “cerro de la cruz” en Tepeaca,

En otro orden, Tepeaca es conquistada por la triple alianza en 1466 y se vuelve su tributario y aliado. Circunda al territorio tlaxcalteca por el oriente y no le permite el paso para adquirir la sal de los agrestes y salados valles de Chiapa, Nopaluca y Cuayahualulco. Y menos de Zapotitlán que llegaba al tianguis por el sur para dar paso a este producto por Acapetlahuaca-Atlixco, Chalco a México-Tenochtitlan. Pero sin pasar por el desamor tlaxcalteca. Que para esos tiempos ya le habían inculcado los mexicanos.

¡Más tarde se la cobraría Tlaxcala y con creces!: Cuando en agosto de 1520 y ya aliados con los españoles algunas fuentes repiten con Muñoz Camargo: “…los tlaxcaltecas o directamente el capitán Xicoténcatl sugirió a Cortés tomar la decisión de comenzar la llamada guerra contra Tepeyacac-Tepeaca, provincia comarcana con Tlaxcala que estaba sujeta a México.”

Y luego para que escarmentáramos según la llamada “Perdida Relación de Nueva España” de Juan Cano, dice “… como los tlaxcaltecas se comían asados y cosidos públicamente en las calles a los de Tepeaca. Los principales se comían el corazón los pies y las manos y la demás gente el resto de los cuerpos”.

Y Cortés por conveniencia haciéndose de la “vista gorda”. Pues Bernal Días del Castillo también lo cita aunque con menos crueldad en el capitulo CXXX La Guerra de Tepeyacac, de su Historia Verdadera de la Conquista de México. Y López de Gomara termina por confirmarlo en su Historia de México Capitulo XXIII.
Lo que si es que ese desamor iniciado al reinado de Moctezuma que dividió a nuestros pueblos y abundo en la incisión del comportamiento de ambos, tiene su colofón el 4 de septiembre de 1520 cuando Cortés y los Tlaxcaltecas en su conjunto conquistan y aniquilan al entonces enorme altepetl de Tepeyacac. Y habrá que verlo en la lámina 29 del Famoso códice o Lienzo de Tlaxcala que muestra a detalle el acontecimiento.

Dicen las crónicas que 4000 guerreros y nobles tlaxcaltecas dieron la bienvenida a Cortés con una danza y ensalzaron las victorias que él y los tlaxcaltecas habían ganado en la vasta provincia de Tepeyacac.

Ahora una coincidencia: El padre Juan Díaz capellán del ejército invasor, fue quien dijo primera misa en campo tlaxcalteca y el que tuvo en sus manos el bautizo de los 4 señores de la republica de Tlaxcala: Maxixcatzin, Xicòtencatl el viejo, Citlalpopocatzin y Temilotecutl; Don Lorenzo, don Vicente, don Bartolomé y don Gonzalo respectivamente. Y es el mismo que registra la historia en Tepeaca como primer clérigo en oficiar misa cristiana en Tepeyacac, a la vez que Cortés funda la nueva Villa con el arrogante nombre castellano de Segura de la Frontera.

Después de eso las 10 leguas o los 65 kilómetros que separan a Tepeaca de la hoy ciudad de Tlaxcala se harán cortos en tiempo y espacio. Aunque las heridas no sanaron del todo. La conquista espiritual se hará cargo poco a poco de resarcirlas y los hijos del “pobrecito de Asís” serán los encargados de en el nombre de Dios perdonarse y encontrar en el evangelio la medicina que todo lo olvida: el tiempo. Por ello Garcés, Valencia, Motolinia, Hojacastro y Juan de Rivas se dan a la tarea de persuadirlos y en su conjunto evangelizarlos y lograr la convivencia para ambos pueblos y encontrarse ahora en una alianza con el Dios compasivo, bueno y eterno.
Así dos pueblos, dos culturas milenarias, se funden y se conjugan como una sola y espacio hace falta para seguir hurgando y escribiendo sobre los conflictos, y alianzas, amores y desamores de la Tlaxcala y de la Tepeaca de ayer, hoy y siempre.
reflexionestepeaca@hotmail.com

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