497 Aniversario – Artículo 4

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CUANDO DOÑA MARINA (MALINTZI) PIDE A TEPEACA COMO RECOMPENSA
José Francisco Jiménez Villa.
Cronista de la Ciudad

Lejos estaba de escribir un tema que relacionara a Tepeaca (Tepeyacac), el antiguo señorío náhuatl con la Segura de la Frontera en los primeros años de la conquista con ese personaje mítico y a la vez histórico–que desaparece y reaparece en forma cíclica en nuestra historia-, conocida y llamada como Malinche.
Esto obedece a que recientemente en esa práctica cotidiana de buscar nuevas lecturas me encontré con un magnifico libro titulado “La Malinche sus padres y sus hijos”, coordinado por Margo Glantz de editorial Aguilar, en donde se recopilan una serie de artículos sobre Malinche con diversos enfoques y variados tópicos. Ello motivo mi interés en el personaje, y me dio la oportunidad para escribir un hecho de la historia colonial de mí “matria chica”, -como bien le llama Luis González Obregón a nuestros lugares de origen-, que se relaciona a la solicitud de Malinche o Doña Marina, cuando pide al Emperador se le recompense por servicios prestados a la corona, el pueblo de Tepeaca.


Vallamos pues a reencontrarnos con el personaje central de esta colaboración: Malinche, nació en el año de 1500 y desde sus orígenes se sabia que era una mujer nacida para mandar, o mejor dicho para gobernar. Malinche fue hija de Taxumal, quien gobernaba a la tribu Payla, que era dominada por los aztecas y su madre se llamó Chituche. Algunos de sus biógrafos coinciden en que a los 9 años, Malinche tenía muchos conocimientos que le fueron trasmitidos por su abuela paterna: sabia leer el calendario sagrado, dibujar los signos de los 18 meses del año, las unidades del tiempo, conocía los nombres de todos los dioses y el día de sus festividades, conocía las fases de la luna y cuando sembrar y cosechar. A esta edad de 9 años Malinche pierde a su padre quien deja ordenado que sea ella quien lo sustituya en el mando de la tribu Payla por ser su primogénita. Su madre no obedeció la orden por considerarla incapaz para gobernar, además, volvió a casarse y su nuevo marido, para asegurarse que la sucesión al poder recayera en su hijo varón no acepto la presencia de la niña en la familia y convenció a su esposa para que vendiera a Malinche a una familia de comerciantes de Tabasco y ante la gente de Payla, Chituche dijó que la niña había muerto. Ese fue el destino adverso de la mujer, que más tarde sería regalada junto con otras 19 mujeres esclavas al conquistador Hernán Cortés, cuando este vence a los de Tabasco y el cacique maya para hacer la paz, opta por regalarle a esas mujeres.

Momento crucial de la conquista será este acontecimiento, Malintzi se convertirá en factor fundamental del desarrollo de las acciones de los españoles en estas tierras. “Doña Marina” como le llamaran a partir de entonces se convierte en la interprete, traductora –recordemos que hablaba maya y náhuatl-, por que pronto aprende castellano. Cortés la menciona en sus relaciones y al referirse a ella solamente le llama “la lengua con la que hablo”. Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista de México y quien conoció bien a Malintzin, dice que pronto se dieron cuenta que además de hermosa, inteligente y astuta, poseía rango e imponía respeto a los indígenas y después a los españoles. Es bien conocido que Doña Marina se convierte en concubina de Cortés y procrea con él un hijo, Martín. A quien dedicaremos pronto una colaboración, pues en la mismísima entrada, -bajo el sotocoro- del convento franciscano de Tepeaca, existe una lápida funeraria siglo XVI con la inscripción clara: Martín Cortés.

Malinche cuyo nombre designa una fatalidad según la cuenta de los años o tonalpoualli azteca, será convertida en figura fundacional de nuestra historia, investida de ese halo sospechoso que rodea y encubre a Eva a partir del día en que obligadamente dejó el paraíso, a Elena cuando provocó la Guerra de Troya, o a la Cava por cuya culpa se perdió España.

Siempre condenada y señalada como culpable de nuestra desgracia Malinche es la fatalidad, la “chingada”, para Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad; la concubina incomoda y madre de un bastardo, en El Naranjo de Carlos Fuentes. Por sólo citar a nuestros dos más grandes escritores contemporáneos. Malinche es la maldición en letra y música de Gabino Palomares, pero también es la matriarca, el poder, la sabiduría para la feminista chicana Carmen Tafolla. Y la prostituta, heroína raíz de nuestro mestizaje, para Rosario Castellanos.
Inspiradora de óperas, tragedias, dramas románticos, crónicas, cuentos, relatos, leyendas, poemas, novelas, películas, es Malinalli, un personaje íntimamente ligado a nuestra forma y razón de ser de los mexicanos. Y para variar, ligada también por su propia voz y peticionaria acción a Tepeaca.

Malintzin, Malinalli, Tenepat, Malinche o Doña Marina, es fuente inagotable para relacionar, investigar, escribir y debatir. ¿Cómo murió?… ¿En dónde?… ¿En España o en México descansan sus restos?… ¿En la opulencia y el reconocimiento, o en el rechazo y la pobreza?… ¿Afligida o segura de su actuar?… ¿Recordando a quién: A Cortés, a Juan Jaramillo con quien tuvo una hija llamada María, a Alonso Hernández Portocarrero, a Jerónimo de Aguilar o a Fernando de Alva Pimentel Ixtlixochitl?… ¿A su nieto Hernando Cortés?… El silencio transita por cada inquirencia. La falta de respuestas acrecenta el mito. Y entonces hurgando por el interés y lo que el personaje representa relaciono a Malinche con Tepeaca y cito el documento de referencia: “Y teniendo noticia el marquéz de ello, que goza del residuo de ella por merced de vuestra Majestad, pidió traslado de lo pedido por parte de Doña Marina y visto lo que respondió y las informaciones que las partes dieron se determino por esta Real Audiencia que se remitiere a vuestra majestad: la otra porque se hizo relación que TEPEACA era estancia siendo como es de las principales de la tierra, y que en lo que se acordó por todos los que dan su parecer en lo de la discreción, se determino que han de quedar a ser de la Corona Real por ser importante e útil; la otra es decir como dijeron que la dicha provincia de Tlaxcala se había dado al dicho tesorero en recompensa de la provincia de TEPEACA, por que lo que pasa en esto es, que el marquéz siendo gobernador encomendó al veedor Pedro Almíndez Cherinola dicha provincia de TEPEACA y en ausencia del marquéz en Honduras al tiempo que el tesorero e contador tomaron la gobernación desta tierra y prendieron el fator y veedor el contador e tesorero encomendaron esta provincia al dicho tesorero y ansi lo tuvo algunos días hasta que el veedor presentó una cédula de vuestra majestad ante el presidente e oidores pasados, para que sobre la restitución desta provincia le hicieran justicia” (*) Francisco del Paso y Troncoso . Epistolario de la Nueva España. Antigua Librería de Robledo de José Porrúa e Hijos. México D.F. 1939. T. VIII. Pág. 200.

Tres comentarios concluimos de este documento, del que dicho sea de paso hemos respetado su ortografía original. Primero, el que Doña Marina-Malinche, -queda claro-, pide en encomienda a Tepeaca. Segundo, el que seguramente por su situación geográfica Tepeaca, fue ambicionada por varios pobladores y conquistadores, y tercero, que era tal la importancia de Tepeaca que la encomienda la poseía nada más y nada menos que el veedor, -tesorero- de la Nueva España Pedro Almíndez Chirino.


Y a en estas páginas de MOMENTO anteriormente he comentado la encomienda en Tepeaca-Segura de la Frontera. El cómo los encomenderos buscaban la riqueza y prosperidad de sus haciendas, como premio a su esfuerzo en la conquista o al desarrollado por sus padres, provocando con ello, abusos y mal trato, siempre en perjuicio de los naturales que prácticamente se encontraban desamparados. En fin Tepeaca fue solicitada por muchos y aquí hemos dado cuenta de la solicitud de Malinche para poseerla. No hay duda mi matria chica Tepeaca, es y seguirá siendo de ayer, hoy y siempre.

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